El Parlamento donde sí apetece quedarse

Desde 1994 sirviendo parlamentarios, tránsfugas y alegría andaluza sin pedir turno de palabra.

En el Parlamento Andaluz no prometemos cambiar el mundo, pero sí arreglarte el almuerzo, la comida o la tarde con una buena barra, un bocata con arte y una caña bien fría.

Aquí no venimos a debatir demasiado.
Venimos a compartir, brindar y celebrar como Dios manda.

El Parlamento Andaluz nació una mañana de primavera, el 20 de marzo de 1994, cuando Don Pepe Rubiales tuvo una idea tan sencilla como peligrosa: abrir un barecillo pequeño, funcional y con mucho arte.

Empezó con embutidos, quesos, aceitunas majadas como en Atajate, pan del horno de leña del vecino y un botellero que le llenó su amigo Paco Rambla. Lo que parecía algo pequeño, en apenas unos días empezó a ir a ritmo de galope. Tanto, que Don Pepe tuvo que pedir ayuda a sus hijos porque aquello ya no había quien lo parara.

Y así, entre bocatas, cañas y mucho cariño, nació una forma muy nuestra de entender la barra.

Todo empezó con un barecillo chico

Don Pepe Rubiales

Más que una taberna:
una forma de juntarse

Hoy el Parlamento Andaluz es mucho más que aquel barecillo chico con el que soñó Don Pepe Rubiales.

Somos barras llenas, almuerzos de los que se alargan, aceitunas majadas que abren el apetito, cañas que llegan en el momento justo y bocatas que ya son parte de la memoria de muchos murcianos.

Somos Murcia, Cartagena, Alcantarilla, La Manga en verano y cualquier sitio donde haya ganas de celebrar.

Somos ese Parlamento donde nadie pide la palabra, pero todos piden otra ronda.

Tienes un Parlamento más cerca de lo que crees

Cada Parlamento tiene su carácter, su barra y su manera de liarla, pero todos comparten lo importante: buen producto, ambiente andaluz y ese punto de alegría que hace que siempre apetezca volver.

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